Del Terrismo al Golpe Bueno de Baldomir
REPARTIDO N° 1.
ALGUNAS OPINIONES SOBRE LOS EFECTOS DE LA CRISIS DEL ’29 EN EL URUGUAY
HISTORIA 3º AÑO de BACHILLERATO Ref. 2006
Profesor: Horacio Machín
“En Uruguay abundan los desocupados, la miseria y los salarios de hambre”
Se necesitan cambios reales
“Hay, sí, no lo dudamos, un estado revolucionario en el país. Se esperan y necesitan nuevas formas sociales, una diversa organización económica, un vuelco total en nuestro sistema impositivo. Lo citado va a título de ejemplo, porque es lo cierto que a cualquier lado adonde se dirija la mirada, uno, encuentra que todo está por hacerse o, lo que es más difícil, por rehacerse en este país.
Nuestra organización económica está en crisis; no podemos seguir viviendo de la ganadería; no podemos continuar apoyados en el latifundio; no podemos dejar que los campos se despueblen en beneficio de las ciudades, asientos de burócratas y de intermediarios. Todo el edificio de nuestra economía rural se viene al suelo, si es que no se ha venido ya. Por eso la sensación de angustia y de asfixia que recorre la campaña. Aun los menos comprenden que así no se puede seguir, que algún cambio fundamental tiene que producirse. Hemos reclamado desde hace tiempo ese cambio, por razones de justicia. No vendrá por ésta, exclusivamente; pero lo impondrán las circunstancias. Lo que los hombres, adelantándose a los hechos, no han querido hacer; los hechos mismos lo impondrán.
En los otros órdenes de la economía nacional la necesidad de una transformación profunda es también necesaria. No podemos persistir encasillados en nuestro proteccionismo para mantener industrias que no tienen ni tendrán nunca arraigo en el país. Comprendemos -ya lo hemos empezado a comprender- que no puede violarse impunemente el principio de la solidaridad económica entre todos los pueblos.
Para tener conciencia de la solidaridad hay que empezar por tenerla de la propia existencia. No hay efectivamente solidaridad sin libertad de las partes. Esa libertad, la habremos conquistado, cuando el capital extranjero no continúe adueñado de los servicios públicos y otros monopolios de hecho. Vivimos ahogados, por los frigoríficos, los ferrocarriles, las empresas de navegación que escapan aun dentro de los ríos al más elemental contralor, etc. Hay miles y miles de desocupados en el país, en las ciudades, en los campos, en los miserables “pueblos de ratas” del interior. A enormes zonas de la República, no llega ni la instrucción ni la higiene: rancheríos perdidos en la campaña, bordeando las ciudades, conventillos en estas mismas donde se vive al margen de la más elemental Civilización.
Y hay gente que gana salarios de hambre y mujeres que aquí no más en los frigoríficos, son explotadas brutalmente y niños, que trabajan más de lo que deben y pueden y a los cuales la legislación no ha sabido proteger.
Todo esto, desocupación y miseria, conventillos y rancheríos, salarios de hambre y explotación de mujeres y niños, incultura y embrutecimiento de las grandes masas, en el campo y en la ciudad, ¿no reclama también una transformación total, una verdadera revolución?
Nuestra organización económica está en crisis; no podemos seguir viviendo de la ganadería; no podemos continuar apoyados en el latifundio; no podemos dejar que los campos se despueblen en beneficio de las ciudades, asientos de burócratas y de intermediarios. Todo el edificio de nuestra economía rural se viene al suelo, si es que no se ha venido ya. Por eso la sensación de angustia y de asfixia que recorre la campaña. Aun los menos comprenden que así no se puede seguir, que algún cambio fundamental tiene que producirse. Hemos reclamado desde hace tiempo ese cambio, por razones de justicia. No vendrá por ésta, exclusivamente; pero lo impondrán las circunstancias. Lo que los hombres, adelantándose a los hechos, no han querido hacer; los hechos mismos lo impondrán.
En los otros órdenes de la economía nacional la necesidad de una transformación profunda es también necesaria. No podemos persistir encasillados en nuestro proteccionismo para mantener industrias que no tienen ni tendrán nunca arraigo en el país. Comprendemos -ya lo hemos empezado a comprender- que no puede violarse impunemente el principio de la solidaridad económica entre todos los pueblos.
Para tener conciencia de la solidaridad hay que empezar por tenerla de la propia existencia. No hay efectivamente solidaridad sin libertad de las partes. Esa libertad, la habremos conquistado, cuando el capital extranjero no continúe adueñado de los servicios públicos y otros monopolios de hecho. Vivimos ahogados, por los frigoríficos, los ferrocarriles, las empresas de navegación que escapan aun dentro de los ríos al más elemental contralor, etc. Hay miles y miles de desocupados en el país, en las ciudades, en los campos, en los miserables “pueblos de ratas” del interior. A enormes zonas de la República, no llega ni la instrucción ni la higiene: rancheríos perdidos en la campaña, bordeando las ciudades, conventillos en estas mismas donde se vive al margen de la más elemental Civilización.
Y hay gente que gana salarios de hambre y mujeres que aquí no más en los frigoríficos, son explotadas brutalmente y niños, que trabajan más de lo que deben y pueden y a los cuales la legislación no ha sabido proteger.
Todo esto, desocupación y miseria, conventillos y rancheríos, salarios de hambre y explotación de mujeres y niños, incultura y embrutecimiento de las grandes masas, en el campo y en la ciudad, ¿no reclama también una transformación total, una verdadera revolución?
Crisis financiera e institucional
Además de una crisis económica tenemos, una crisis financiera. Esta, agravará a aquélla, de la cual es en parte, efecto. La agravará porque en este país, el presupuesto alimenta directa e indirectamente a la mayoría de la población.
La crisis financiera no se resolverá con cataplasmas; adicionales por aquí; pequeños cortes por allá. Ya no da más nuestro sistema impositivo. Es improductivo y es injusto. Habrá que modificarlo; entrar a fondo en la materia; hacer también una revolución.
¿Y qué decir de nuestra enseñanza? De la Universidad anquilosada y torpemente utilitaria; de la enseñanza secundaria en crisis desde que fue implantada, de la primaria, ineficaz e insuficiente. ¿Y qué decir del arte y de la prensa cada vez más orientada a halagar las bajas pasiones de la multitud y que ha hecho del deporte y las carreras las manifestaciones culminantes de la vida nacional? ¿Y la política? ¿No se tiene acaso la sensación de que es necesario cambiar? Estamos ya en esta materia en plena revolución en el Parlamento reina la demagogia, la incompetencia y la improvisación; los partidos se despedazan y modifican, los dogmas, empiezan a vacilar, los pactos y los acomodos se vuelven y se volverán más y más contra quienes los han hecho, los jefes y los caudillos de la generación que aún gobierna se han muerto o están a pesar de que siguen aferrados a la dirección desprestigiados y concluidos.
Crisis de instituciones, crisis de partidos y de hombres.
En todos los campos: en el económico, en el político, en el social, en el cultural, en el artístico, en el moral, lo que existe ya no sirve o no basta. Sin quererlo quizás, sin que nos demos cuenta, los conceptos que nos sirvieron para vivir, no sirven más.
Una vertiginosa revolución se está realizando, cuya trascendencia cabal sin duda. No podemos aún ver. Apresurar esa revolución, es obra útil. Pero esa revolución que no reclama fusiles ni chirinadas, ni caudillos, nada tiene que ver con la del señor Herrera y sus congéneres. Es precisamente todo lo contrario. La grotesca aventura a que quiere lanzarse el señor Herrera, no es sino una de las tantas reacciones de los que se van, contra el presente y contra el futuro. Pero no serán por cierto chirinadas de esa especie, las que detendrán la necesaria y salvadora revolución, la que harán los hombres nuevos de la nueva generación.
La crisis financiera no se resolverá con cataplasmas; adicionales por aquí; pequeños cortes por allá. Ya no da más nuestro sistema impositivo. Es improductivo y es injusto. Habrá que modificarlo; entrar a fondo en la materia; hacer también una revolución.
¿Y qué decir de nuestra enseñanza? De la Universidad anquilosada y torpemente utilitaria; de la enseñanza secundaria en crisis desde que fue implantada, de la primaria, ineficaz e insuficiente. ¿Y qué decir del arte y de la prensa cada vez más orientada a halagar las bajas pasiones de la multitud y que ha hecho del deporte y las carreras las manifestaciones culminantes de la vida nacional? ¿Y la política? ¿No se tiene acaso la sensación de que es necesario cambiar? Estamos ya en esta materia en plena revolución en el Parlamento reina la demagogia, la incompetencia y la improvisación; los partidos se despedazan y modifican, los dogmas, empiezan a vacilar, los pactos y los acomodos se vuelven y se volverán más y más contra quienes los han hecho, los jefes y los caudillos de la generación que aún gobierna se han muerto o están a pesar de que siguen aferrados a la dirección desprestigiados y concluidos.
Crisis de instituciones, crisis de partidos y de hombres.
En todos los campos: en el económico, en el político, en el social, en el cultural, en el artístico, en el moral, lo que existe ya no sirve o no basta. Sin quererlo quizás, sin que nos demos cuenta, los conceptos que nos sirvieron para vivir, no sirven más.
Una vertiginosa revolución se está realizando, cuya trascendencia cabal sin duda. No podemos aún ver. Apresurar esa revolución, es obra útil. Pero esa revolución que no reclama fusiles ni chirinadas, ni caudillos, nada tiene que ver con la del señor Herrera y sus congéneres. Es precisamente todo lo contrario. La grotesca aventura a que quiere lanzarse el señor Herrera, no es sino una de las tantas reacciones de los que se van, contra el presente y contra el futuro. Pero no serán por cierto chirinadas de esa especie, las que detendrán la necesaria y salvadora revolución, la que harán los hombres nuevos de la nueva generación.
Carlos Quijano, Acción-Enero, 28 de 1933
En el Uruguay existía una desocupación real e importante, 40.000 trabajadores y en la Villa del Cerro la miseria recorría las calles “…pero no se había llegado al espectáculo de los campamentos de obreros sin trabajo ni ese desfile obsesionante de hombres jóvenes y fuertes que piden limosna por las calles de Buenos Aires”.
“…El de salvar el Estado a costa de agravar las penurias sociales, como si el drama de la crisis económica de la sociedad debiese pasar a segundo término ante el drama de la crisis financiera de la hacienda pública…”
“…en el Uruguay donde las posibilidades de reacción económica espontánea son mucho menores, también los pobres paisanos se amoldan a los rigores de la crisis y se libran con fatalismo musulmán a los designios inescrutables de la suerte, sin manifestaciones visibles de desesperación ni de impaciencia... ”
“…ello es propio de gentes que nunca han gozado de mucha holgura, ni aún en medio de la mayor prosperidad de los negocios del campo, cuando el precio de los ganados es alto y la renta del suelo enriquece a los terratenientes. Su vida se ha arrastrado siempre en la pobreza…”
“…El de salvar el Estado a costa de agravar las penurias sociales, como si el drama de la crisis económica de la sociedad debiese pasar a segundo término ante el drama de la crisis financiera de la hacienda pública…”
“…en el Uruguay donde las posibilidades de reacción económica espontánea son mucho menores, también los pobres paisanos se amoldan a los rigores de la crisis y se libran con fatalismo musulmán a los designios inescrutables de la suerte, sin manifestaciones visibles de desesperación ni de impaciencia... ”
“…ello es propio de gentes que nunca han gozado de mucha holgura, ni aún en medio de la mayor prosperidad de los negocios del campo, cuando el precio de los ganados es alto y la renta del suelo enriquece a los terratenientes. Su vida se ha arrastrado siempre en la pobreza…”
Dr. Emilio Frugoni, “La Revolución del Machete”.
“…de la distribución de la ocupación de su población, la crisis mundial 1929-1930, se tradujo en crisis de consumo más que de desocupación aunque existió, dado que la caída de las exportaciones implicó un efecto similar en las importaciones…”
“…Como resultado del crack del 29, la década del 30 comienza con una revisión universal de los principios del liberalismo; coincide en Europa con tres regímenes políticos dictatoriales que pregonan autarquía económica, cierre de fronteras…”
“…El Uruguay no podía escapar al repliegue sobre si mismo, por lo tanto el proteccionismo que tuvo el Estado desde fines de siglo y su paulatina progresividad hacia el 30, cobra nuevas fuerzas que lo transforman en un agresivo intervencionismo…”
“…Entronque entre lo político, social y económico. A través del proceso político que se desarrolló durante este período y al influjo del pensamiento de las capas dirigentes; políticas, intelectuales, empresariales y sindicales, el Uruguay comienza a recorrer un nuevo camino sustancialmente distinto al anterior…”
“…En esta nueva orientación tuvo influencia trascendente la evolución del comercio internacional. Nuevos impulsos del crecimiento de la economía nacional, pero con una serie de ingredientes deformantes que no fueron corregidos sino que se agravaron…”
Cr. Lusiardo Aznárez, “Reflexiones sobre aspectos de la historia económica del Uruguay 1900-1979”
“…Créase un Ente industrial del Estado que se denominará Administración Nacional de Combustibles, Alcoholes y Portland, con el cometido de explotar y administrar el monopolio del alcohol y carburante nacional y de importar, rectificar y vender petróleo y sus derivados y de fabricar portland. A tal fin se declara de utilidad pública el derecho a favor del Estado. A) A la importación y exportación de alcoholes, su fabricación, rectificación, desnaturalización y venta, así como la de carburantes nacionales en todo el territorio de la República. Esta disposición alcanza total o parcialmente a la bebidas alcohólicas destiladas, cuando el Ente industrial lo crea oportuno. B) La importación y refinación del petróleo crudo y sus derivados en todo el territorio de la República. C) A la importación y exportación de carburantes líquidos gaseosos y cualquiera de su estado y su composición cuando las refinerías del Estado produzcan por lo menos el 50% de la nafta que consume el país…
…K) Refinar petróleos crudos o sus derivados, preparar y vender todos los productos propios de esta industria. L) Instalar las fábricas de Portland y productos afines para proveer la realización de obrar públicas. Esas fábricas se ubicarán en sitios estratégicos en relación con las materias primas y con la circulación de los productos…”
…K) Refinar petróleos crudos o sus derivados, preparar y vender todos los productos propios de esta industria. L) Instalar las fábricas de Portland y productos afines para proveer la realización de obrar públicas. Esas fábricas se ubicarán en sitios estratégicos en relación con las materias primas y con la circulación de los productos…”
Ley Nº 8.764, del 15 de Octubre de 1931
REPARTIDO N° 2.
“El Período Terrista”
HISTORIA 3º AÑO de
BACHILLERATO Ref. 2006
Profesor: Horacio Machín
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HOY
HACE 71 AÑOS NUESTROS CORRESPONSALES ESTABAN EN...[1]
Montevideo,
cuando Gabriel Terra dio un golpe de Estado
31 de marzo de 1933
Con el apoyo de la Policía y del
Cuerpo de Bomberos, el presidente constitucional ha disuelto el Parlamento
instalando un régimen de facto. Este país, considerado la Suiza de América, no
pudo sustraerse a la onda expansiva de golpes de Estado que sacude a todo el
orbe y que son la respuesta autoritaria a la crisis económica mundial que se
arrastra desde hace casi cuatro años.
La economía uruguaya, particularmente,
ya había comenzado a mostrarse menos sólida a partir de 1928, al punto que el
dirigente Martín C. Martínez hubo de reconocer que "se acabaron los
tiempos de superávit". Ante esta realidad de desajuste fiscal, las clases
conservadoras empezaron a cuestionar cada vez con mayor severidad la política
reformista y estatista impulsada por José Batlle y Ordóñez, un socialista
liberal que modernizó el país durante las tres primeras décadas del siglo. Al
mismo tiempo, las dificultades económicas ocasionaron importantes protestas
obreras, duramente reprimidas por la policía.
Como se recordará, hace poco más de
tres años se fundó el Comité de Vigilancia Económica, bautizado "Comité
del Vintén" por el gracejo popular, que agrupa a las fuerzas vivas del
país (productores agropecuarios e industriales, fundamentalmente), que ven con
alarma el modelo socializante de Batlle y el "peligro rojo" que
representa el movimiento obrero inspirado en la Rusia de los Soviets.
Las entidades empresariales vienen
reclamando una reforma constitucional, la detención del estatismo, la
disminución del gasto público y una reducción de la burocracia.
Elegido presidente constitucional hace
dos años, el doctor Terra se mostró incapaz de hallar soluciones a la crisis
dentro del marco institucional. El descontento fue aumentando, y el líder
blanco Luis Alberto de Herrera llegó a proponer una "marcha sobre
Montevideo" inspirada en la "Marcha sobre Roma" que Mussolini
organizara años atrás. Al mismo tiempo, se endureció la represión contra el
movimiento popular y especialmente contra el Partido Comunista --cuyo periódico
"Justicia" sufrió clausuras-- mientras se alzaban voces reclamando
mayor rigor en la legislación penal.
Durante el mes de enero la situación
hizo crisis. Según pudo saber nuestro corresponsal de buena fuente, el pasado
13 de enero el doctor Herrera presionaba al presidente con estas palabras:
"El cambio radical se impone; lo haces tú o lo hacemos nosotros". En
el mismo sentido se manifestó tiempo después el líder del Riverismo (sector
conservador del Partido Colorado) Pedro Manini Ríos. Los rumores sobre estas
reuniones generaron explicable alarma en el Batllismo y en el Nacionalismo
Independiente, aunque un quiebre institucional era impensable aún.
Los hechos, sin embargo, se
desencadenaron en la tarde de ayer, cuando el Presidente envió un mensaje al
Parlamento comunicando una serie de medidas extraordinarias que se adoptaban
para "evitar los sabotajes, crímenes y desórdenes" que, según el
Ejecutivo, se producirían en ocasión del acto político previsto para el próximo
8 de abril. Las medidas incluyen: censura previa de los órganos de prensa que
atribuyan propósitos dictatoriales al Presidente; intervención de las cárceles;
mantenimiento de los servicios esenciales (agua y luz) en la capital;
intervención policial de los servicios telefónicos y telegráficos.
Mientras el Parlamento analizaba y
discutía el mensaje del Ejecutivo, el presidente y su gabinete ministerial se
instalaron en el Cuartel de Bomberos con grandes medidas de seguridad. Esta
madrugada, por 64 votos a 42, la Asamblea General exhortó al Ejecutivo a
"dejar de inmediato sin efecto las medidas tomadas en el día de
ayer". Era lo que tal vez esperaba el doctor Terra para proceder a la
disolución lisa y llana del Consejo Nacional de Administración (P. Ejecutivo) y
de las Cámaras Legislativas. Legisladores y dirigentes políticos de la
oposición fueron detenidos mientras otros lograban burlar la vigilancia
policial dispuesta en sus domicilios para refugiarse en diversas embajadas.
LA PRIMERA VÍCTIMA
El ex presidente Baltasar Brum, quien
hasta hoy había ejercido la presidencia del Consejo Nacional de Administración,
optó por resistir la orden de detención en su domicilio de la calle Río Negro.
Allí, en mangas de camisa y sin cuello, con un revólver en cada mano y rodeado
de amigos y correligionarios también armados, jugó durante varias horas una
pulseada contra la prepotencia.
Por fin, y al ver que la situación
podía prolongarse indefinidamente, Brum eligió el supremo sacrificio de
inmolarse en defensa de la libertad y de las instituciones democráticas: sin
que nadie pudiera impedirlo, caminó hasta el medio de la calzada y se
descerrajó un balazo en el pecho luego de gritar "¡Viva Batlle! ¡Viva la
libertad!".
Baltasar Brum se convierte así en la
primera víctima de esta dictadura recién instaurada*.
Fuente:
La República, miércoles 31 de marzo, 2004 – Año 12 – Nº 1430
Gabriel
Terra VIII
Naturalmente, el hecho más dramático de las últimas horas había sido el
suicidio en plena calle del doctor Baltasar Brum.
Brum esperó siete horas en la puerta de su casa con un revólver en cada
mano y rodeado de familiares y amigos también armados, a que el ejército
saliera a defender las instituciones, según algunas versiones o a que el pueblo
adoptara una actitud heroica tomando en cuenta su decisión de resistir, según
las de su partido. No ocurrió ni una cosa ni la otra y terminó su vida con un
tiro en corazón. Ninguno de los diarios…brindó detalles del hecho, salvo
brevísimas gacetillas. Tampoco hubo anuncios fúnebres. A su entierro no
concurrió nadie del gobierno ni del cuerpo diplomático. Entrevistada en mayo de
1988 para el semanario Búsqueda por el autor de estas notas, la señora Matilde
Terra, hija de quien fuera el principal protagonista de los sucesos de marzo de
1933, recordó la muerte de Brum de esta manera. "Estaba en casa de mi
padre cuando vino la noticia que Brum se había suicidado. Papá quedó tan
anonadado que le vi lágrimas en los ojos. "No puede ser -decía-
"¿Cómo pudo haber pasado eso? ¡Si había decidido albergarse en la Embajada
de España!" Mi padre le tenía gran aprecio. (...) Más le digo: dos o tres
días antes del Golpe de Estado, papá recibió en casa la visita de Brum. Cuando
se retiró él comentó con su hermano Antonio: "Si todos fueran como Brum no
tendríamos tantos problemas".
…Gabriel Terra hijo sostiene que "el gobierno dispuso de doce
detenciones que a los cuatro días ya habían recuperado su libertad", la
represión política fue mucho más dura. El mismo 31 de marzo fueron detenidos
Antonio Rubio, Tomás Berreta (años después Presidente de la República), Lorenzo
Batlle Pacheco, Emilio Frugoni, Gustavo Gallinal y Victoriano Martínez y
enviados a la Isla de Flores, Ricardo Paseyro, Alfeo Brum y Salvador Estradé.
Con el correr de los días esa lista se amplió hasta llegar a los sesenta y
nueve desterrados, entre ellos el también futuro Primer Mandatario Luis Batlle
Berres. Se denunciaron asimismo numerosos casos de torturas y malos tratos y
constantes presiones contra la prensa opositora. Uno de los más comunes fue
cortar la energía eléctrica a los talleres para evitar las ediciones.
El apoyo político más importante que recibió el ex presidente y ahora
gobernante de hecho Gabriel Terra fue de parte de la mayoría del Partido
Nacional. En esos días, el diario El Debate publicó una carta enviada desde Río
de Janeiro por el doctor Luis Alberto de Herrera al dirigente Aniceto Patrón en
la que le aconsejaba: "¡Qué gran suceso acaban ustedes de presenciar! Es
consolador lo que estamos viendo: realizado el ensueño de liberación nacional
que ardía en el pecho de los buenos ciudadanos (...) Es el comienzo de un nuevo
tiempo. Los primeros pasos no puede ser más acertados (...) Rodeen al
presidente, apóyenlo (...) Lo esencial es poner la patria por encima de los
partidos (...) Consumada la crisis, yo no hago falta ahí".
A la adhesión de los partidos políticos que siempre lo habían alentado
en sus propósitos (el herrerismo, el riverismo, el sosismo, el verismo) Terra
logró sumar la de tres ex presidentes, Claudio Williman, José Serrato y Juan
Campisteguy e incluso -inesperadamente- la de Federico Fleurquin, el candidato
de sus rivales del batllismo neto que le había disputado el cargo. Además tuvo
a su lado a la masonería, a la cual pertenecía con un grado de jerarquía. Contó
por otro lado con la simpatía de diversos estratos de la actividad nacional. El
Comité Nacional de Vigilancia Económica, una corporación de esencia
conservadora sin poder decisorio pero muy activo, le comunicó su apoyo. También
la Federación Rural, los gerentes de banco y los corredores de bolsa le
expresaron su aplauso por las medidas tomadas. Y el nuevo Ministro inglés Eugen
Millington Drake informó a su gobierno que el nuevo régimen encarrilaba las
cosas a entera satisfacción: "Un cambio en el Gobierno era claramente
conveniente y deseado (...) Una nueva era está por comenzar". Salvo a la
oposición, a nadie le importaban los horrores formales que habían hecho posible
el cambio de gobierno. Si para llegar a esa nueva era había sido necesario
violentar la Constitución, expulsar a los legisladores y a los consejeros
libremente electos, censurar a la prensa, enviar a los dirigentes políticos
opositores a la Isla de Flores, esos eran problemas que para muchos no merecían
ser tomados en consideración.
Gabriel Terra siempre supo que el proceso iniciado por él con la
disolución de las Cámaras y el Consejo Nacional de Administración en 1933, al
que sus detractores denominaron dictadura marxista y sus partidarios revolución
de marzo debía encontrar un sostén legal. Batllista al fin, aunque sus
correligionarios en la oposición eso les cayera pesado (en su despacho del
diario El Pueblo había fotos de José Batlle y Ordóñez) aspiraba a que de alguna
forma sus dudosos pasos pudieran ser legitimados lo antes posible. Ni su
formación liberal en lo político ni su carácter de masón, le permitían
perpetuarse mucho más allá de lo permitido por las leyes. Su decreto inicial
convocando para una elección de constituyentes fue la prueba más terminante.
Claro que mientras durara la situación de hecho tenía que nombrar autoridades.
Lo primero fue llenar los cargos de la nueva Junta de Gobierno de nueve
miembros que tendría funciones de asesora del Poder Ejecutivo, la mayoría de
los cuales pasarían luego a integrar el gabinete ministerial. Ellos fueron el
teniente general Pablo Galarza, los doctores Alberto Demicheli, Francisco
Ghigliani, Andrés Puyol, Pedro Manini Ríos, José Espalter, Roberto Berro y
Alfredo Navarro y el señor Aniceto Patrón. Más tarde nombró a los numerosos
integrantes de su Poder Legislativo provisorio al que llamó Asamblea
Deliberante y a la cual la oposición puso el mote de Asamblea Delirante.
Casi tres meses después, el 25 de junio, tuvo lugar la elección de los
constituyentes que se abocaría a redactar la nueva Constitución. Votaron
doscientas cincuenta mil personas, es decir, el 58% del electorado. Se
abstuvieron los batllistas netos, los nacionalistas independientes y los
blancos radicales. El aniversario de la Declaratoria de la Independencia, de
ese mismo año, se llevó a cabo la sesión inaugural de la asamblea. La presidió
el anterior Presidente de la República, Juan Campisteguy, un colorado no
batllista. Al aproximarse las nuevas elecciones de 1934, surgieron varias
candidaturas dentro del partido gobernante. Las que tuvieron más fuerza fueron
la del general Pedro Sicco y la del doctor Alberto Demicheli, pero ninguna pudo
competir con la del propio presidente Terra que se aprestó a violar otra vez la
Constitución ya que las dos Cartas fundamentales anteriores, prohibían la
reelección presidencial. En marzo se proclamó la fórmula Terra-Navarro y el 19
de abril se plebiscito la Constitución recién elaborada, nuevamente con la
abstención de los tres grupos que habían hecho lo propio en la convocatoria a
constituyentes. Votó el 52 % de la ciudadanía (téngase presente que el voto no
era obligatorio) y exactamente dos meses después, Terra asumió su segundo
período presidencial.
Por más que sea necesario no perder de vista su origen espúreo, la nueva
Constitución presentó adelantos significativos que todavía nos rigen. A) El Poder Ejecutivo dejó de ser
colegiado para ser unipersonal. B)
Se estableció un parlamento bicameral. La Cámara de Diputados fue reducida a
noventa y nueve miembros y la de Senadores a treinta. Esta última, a causa de
una curiosa componenda política, quedó integrada por quince miembros de la
mayoría de cada lema. En aquel caso, quince terristas y quince herreristas. C) Los gobiernos departamentales,
también pasaron a ser unipersonales. D)
Se estableció el voto secreto y obligatorio y E) Se reconocieron los derechos civiles de la mujer. Estas
comenzarían a ejercer su derecho a votar en la inmediata elección.
Aunque Terra contó con legisladores elegidos a dedo y un poder casi
ilimitado, nunca pudo gobernar sin grandes sobresaltos. En octubre de 1933, se
echó encima a medio país luego que en un enfrentamiento con la policía fue
muerto el conductor de la extrema izquierda batllista Julio César Grauert. Ya a
comienzos de ese mismo mes, como consecuencia de una clausura por cinco días
del diario El País, el ministro del interior Francisco Ghigliani había escrito
premonitoriamente en el órgano terrista El Pueblo: "amansarse y vivir o
rebelarse y morir". Y después de muerto Grauert había rubricado sus
amenazas: "Así les ha ido y así les irá a los que pretendan
imitarlos". En 1934, un reclamos de salarios en el El Día, terminó en una
huelga descomunal que involucró a todos los diarios de la capital y se mantuvo
muchas semanas durante las cuales el gobierno se vio privado de toda difusión
propagandística. El 28 de enero de 1935, estalló una revolución que fracasó por
la falta de coordinación de las fuerzas y el manifiesto desorden con que fue
encarada. En el Paso del Morlán, treinta y cuatro sublevados combatieron contra
una Compañía gubernista de más de cien hombres y en la acción murieron tres
hombres de cada bando. Más tarde, al bombardear la aviación gubernista un
campamento de los levantados en armas, fallecieron cinco personas más. Nueve
días después de comenzada, la revolución había finalizado. Esos hechos merecen
un estudio más pormenorizado. A los seis meses de ocurridos, Terra sufrió un
atentado en el Hipódromo de Maroñas en ocasión de la visita del presidente de
Brasil Getulio Vargas. El dirigente nacionalista Bernardo García que había
estado detenido en la Isla de Flores, le disparó un tiro a quemarropa, hiriéndolo
levemente. Uno de los mensajes de salutación por haberse salvado, fue de Adolfo
Hitler.
No ha sido propósito de estas notas profundizar en los años de gobierno
de Gabriel Terra, ni en su reforma constitucional, sino evocar el clima
político y social de aquellos años y las razones que se esgrimieron para el
primer quiebre institucional del siglo pasado. Si bien es verdad que se
vivieron circunstancias terribles, las que ocurrieron cuarenta años después
terminaron por opacarlas y hacerlas olvidar. Terra gobernó como presidente
constitucional dos años y un mes, otro año largo como presidente de facto y
cerca de cuatro más como presidente irregular. Entregó el mando luego de las
elecciones de 1938 en las que, abstención del batllismo neto mediante, los candidatos
del Partido Colorado fueron su consuegro Eduardo Blanco Acevedo y su cuñado
Alfredo Baldomir. Igual a lo ocurrido con su padre, dejó en la política todo su
dinero, habiendo tenido que hipotecar la estancia de su esposa María Ilarraz
Miranda, nieta de Avelino Miranda, uno de los Treinta y Tres orientales. Cuando
el autor de estas notas entrevistó a sus hijos, Gabriel no tenía siquiera un
auto y Matilde, de ochenta y cuatro años, veraneaba en una casita mínima
ubicada en el balneario Aguas Dulces. Por resolución oficial, la sucesión de
Terra fue exonerada del impuesto a la herencia porque la deuda con el Banco
Hipotecario era mayor al valor de sus bienes. En la década del treinta, su
persona despertó más enconos y más adhesiones que ningún otro político de su
época. El juicio de la posteridad cercana a su muerte, acaecida en 1942 luego
de una cruel enfermedad que lo tuvo paralizado y sin habla durante tres años,
fue naturalmente prejuiciosa y subjetiva. Casi tres generaciones después, lo
sucedido merece una observación más desapasionada.
Cesar Di Candia
[1] Título del artículo de La República.
El pasado 31 de octubre, se cumplió 80 años del Golpe de Estado perpetuado por
Gabriel Terra.
REPARTIDO N° 3.
“Alfredo Baldomir y el golpe bueno”
HISTORIA 3º AÑO de BACHILLERATO Ref. 2006
Profesor: Horacio Machín
HISTORIA 3º AÑO de BACHILLERATO Ref. 2006
Profesor: Horacio Machín
Discurso de asunción del mando del General Alfredo Baldomir, dirigiéndose al Presidente saliente, Gabriel Terra y al pueblo.
“Me siento henchido de satisfacción patriótica al admitir y reconocer que llego al poder por voluntad expresa y libérrima de la soberanía. Ha sido el reflejo directo y espontáneo de opinión pública el que me ha conferido el alto honor de sucederos en la Presidencia de la república…Comienzo con mis funciones con la serena convicción de que invisto un mandato popular.
Si ocupo la Presidencia de la República es porque la democracia lo ha decidido de esa forma.
Me complazco en reconocer que vuestra actitud ha sido razón primordial de trascendencia y contenido de los últimos comicios.
Habéis dicho que vuestra tesitura fue absoluta prescindencia en materia electoral, que no ungisteis candidatos oficiales, ni os inclináis hacia uno de lo que existían en juego.
Felicitemos con orgullo que el Uruguay haya alcanzado su madurez democrática. Pero prestemos oídos a sus justos reclamos, para actuaren el futuro de acuerdo con sus esperanzas…
Debemos a ese efecto obtener dos cosas: asegurar primeramente y contra todo evento las conquistas obtenidas. Y después terminar vuestra gran obra en este terreno, desterrando para siempre de la Administración pública a los fermentos anárquicos del caudillismo profesional.
Entre lo que se ha construido bajo vuestra égida figura, en primer plano, la nueva Constitución que nos rige, es una carta cuyos lineamientos generales se aproximan a la fórmula ideal para nuestro “modus vivendi”. El espíritu que se le ha infundido es de homogeneidad en lo ejecutivo, de nacionalización en sus servicios, de responsabilidad en el mando y de adaptación a nuestro modo de ser. Tiene suficiente agilidad como para corregir sus defectos. Defectos que indiscutiblemente posee y que ya han sido individualizados, como prueba inevitable de las circunstancias particulares en que fue dictada.
En esta hora en que nuevamente se habla de reformismos constitucional no tengo inconveniente en proclamar que yo a mí vez soy un partidario de tal revisión. Si nuestro Código encierra cláusulas que exigen corrección no debe condenarse al país a vivir eternamente encerrado en moldes impopulares y molestos.
Cuento con el concurso generoso y levantado del Partido Colorado, a cuyas filas me honro en pertenecer… Ese partido, cuya coordinación pareció peligrar, y que sin embargo ha sabido sobrellevar con entereza los azares del pleito comicial… surgiendo de él con la reincorporación del riverismo al tronco secular.
Cuento también con la noble colaboración del nacionalismo, tan estrechamente ligado al régimen de marzo, cuyos hombres de significación han de figurar entre mis mejores y más desinteresados colaboradores de gabinete.
Y cuento finalmente con el apoyo abierto y sin resistencias del pueblo, sin distinción de matices, credo, ni banderas.”
Tabaré Petronio. 2000. "Baldomir y el golpe bueno", Apuntes de Historia del Uruguay.
Tomo 10. pp.67-69. Ed. La República.
El golpe del Gral. Alfredo Baldomir
*Frega, Ana; Mónica Maronna; Yvette Trochon:
“Baldomir y la restauración democrática (1938-1946)”, EBO págs. 148-151
“Baldomir y la restauración democrática (1938-1946)”, EBO págs. 148-151
CONSIDERACIONES FINALES
El tramo comprendido entre 1938 y 1946, deriva necesariamente hacia un análisis de la forma en que se concretó el pasaje del autoritarismo terrista hacia la definitiva restauración democrática. Proceso de transición que, como se ha visto, contiene múltiples canales y tensiones.
Uno de los datos referenciales imprescindibles para enmarcar correctamente la transición, lo constituye la incidencia del acontecer internacional. En dos perspectivas: por la definitiva articulación del Uruguay a los derroteros marcados por EE.UU., y por la incidencia directa que esto tuvo en la transición política. Asimismo, la coyuntura internacional ofreció un importante estimulo económico traducido en un aumento de las exportaciones y un significativo crecimiento del sector industrial.
Para el Uruguay, el deslizamiento hacia la órbita de influencia norteamericana se completó en estos cruciales años. Pero la nueva metrópolis imponía condiciones diferentes y se mostraba restrictiva respecto a su política comercial. La implantación de rígidas políticas proteccionistas para su agricultura e industria, la llevó a abrir únicamente el mercado norteamericano a aquella producción no competitiva –como la tropical– impidiendo que las exportaciones fundamentales del Uruguay se acoplaran satisfactoriamente a los nuevos dictados de su imperialismo. Sin embargo, la bonanza coyuntural que la Segunda Guerra Mundial aportó a la economía del país, dejaba ocultos los graves problemas de la escasa complementación del mercado estadounidense –competidor en materia de carnes y lanas– con la producción básica uruguaya.
Presentará el país en el período estudiado, una imagen de prosperidad estructuralmente frágil– asentada en la demanda de productos pecuarios multiplicados por la guerra, en una industrialización de base sustitutiva y en la inyección de capitales extranjeros que buscaban un tranquilo refugio para su colocación. Sobre esta base se vivificaron los contenidos “benefactores” del Estado a través de una legislación social relevante, mecanismos de redistribución y expansión de las obras públicas. El papel del Estado se vio fortalecido tanto por la reanimación del intervencionismo en los aspectos económicos como del rol arbitral desplegado para limar los antagonismos más flagrantes de la sociedad.
La posición tomada por el gobierno uruguayo en materia internacional —fuertemente condicionada— se realizó en forma paulatina, derrumbando los obstáculos o rémoras supervivientes de etapas anteriores. De allí que el espectro en materia de política internacional en el tramo estudiado, se desplazó desde posiciones firmemente neutralistas hasta otras con un alto grado de condicionamiento a los objetivos requeridos por el gobierno de EE.UU.
Este camino de reconversión imperialista no se realizó sin ciertos enfrentamientos con algunos sectores políticos defensores a ultranza de la antigua situación. A su vez, en el plano de la política interna, las circunstancias internacionales jugaron un papel preponderante, desdibujando la correlación de fuerzas característica del terrismo.
La definición aliadófila del Presidente Baldomir, ambientó la reunificación colorada, acercó a gran parte del nacionalismo independiente y logró el apoyo del Partido Comunista. Por el contrario, el Partido Nacional liderado por Luis Alberto de Herrera, —defensor a ultranza de la neutralidad y receloso de la injerencia yanqui— fue desplazado de la posición preponderante que ocupaba en las esferas del gobierno. El golpe de Estado del 21 de febrero de 1942 ratificó el peso decisivo de EE.UU. y el alistamiento en la causa aliada. No en vano el canciller Alberto Guani, intérprete fiel de los dictados norteamericanos, fue el vicepresidente de la República desde 1943.
La transición en su aspecto político se fue vertebrando a lo largo de la presidencia de Baldomir. Si bien es posible reconocer en el golpe de Estado del 21 de febrero de 1942 un hito fundamental, el autocalifícado “golpe bueno” fue una opción política, donde detrás de las causas ocasionales que motivaron la disolución de las Cámaras, subyacía un conjunto de circunstancias que hicieron de este episodio la culminación de un largo proceso, donde se anudaron factores de diversa índole.
Esta opción fue preparada y consumada por el oficialismo baldomirista y las fuerzas políticas desplazadas en 1933. La Constitución de 1934 y la ley de lemas de ese año, habían asegurado el reparto de los cargos políticos y el control del aparato partidario a los grupos comprometidos con el golpe de marzo (herreristas y terristas). De esta forma se desplazó completamente al batllismo y al nacionalismo independiente que pasaron a constituir una firme oposición al régimen instaurado.
Se había operado una división en el seno de cada uno de los partidos mayoritarios, donde parecía esbozarse cierto peso del componente ideológico sobre la adhesión “afectivocromática”.
La conjunción opositora obtuvo su máximo grado de cohesión en el acto realizado en julio de 1938. Esta movilización puede ser considerada un “cruce de caminos”. Por un lado, una coincidencia en cuanto al rechazo de la Constitución de 1934, y por otro, diferencias respecto a la valoración del gobierno de Baldomir. Gran parte del nacionalismo independiente y el batllismo, se esforzaron en dejar constancia que la oposición no era hacia el gobierno sino respecto a los mecanismos del autoritarismo terrista que los había desplazado del poder. Se inició asi una constante aproximación hacia el primer mandatario, lo que le permitió a éste romper definitivamente con los residuos de la “alianza de marzo”.
El acercamiento del batllismo neto y del Partido Nacional Independiente, apenas insinuado en sus comienzos, se manifestó plenamente hacia 1939 y terminó con la coincidencia en la adhesión y justificación al golpe de Estado del 21 febrero de 1942. El protagonismo articulador de los partidos políticos tradicionales posibilitó y promovió el “golpe bueno”, constituyendo así un obstáculo a una salida que no tuviera su origen en acuerdos “palaciegos”.
La oposición mostró signos de debilidad que la inhibieron para concretar acciones conjuntas eficaces. A esto, se le sumaron las maniobras del oficialismo baldomirista que logró encauzar a los sectores tradicionales a su matriz original y frenar cualquier eventual empuje de acción conjunta. En este marco se inscribe la legislación electoral completada por estos años que, además de ser una herramienta para la transición política, aseguró el predominio del esquema partidario tradicional.
Entre los “partidos de izquierda”, tampoco fue posible un acuerdo perdurable, agravándose sus diferencias a partir de sus valoraciones sobre el golpe de 1942. Las fuerzas sociales reflejaban un relativo poder de movilización y la existencia de divisiones en el seno del movimiento sindical.
El hecho mismo de que la transición se hubiera dado desde el Poder Ejecutivo, con el apoyo tácito o explícito de una amplia gama de los partidos políticos, indicaba que no se habían operado cambios profundos. Se corría el riesgo, además, de limitar el proyecto de futuro a una restauración del pasado.
En 1933, el golpe de Estado había marcado un principio de diferenciación por encima de las divisas; en 1942, suponía el retomo al vínculo tradicional, donde los grandes partidos, unidos ante los comicios, albergaban sectores claramente diferenciados (aunque el Partido Nacional recién se unificaría totalmente en 1958, coincidentemente con su triunfo).
La reedición de la propuesta batllista, el intento de la burguesía nacional de lograr un modelo de desarrollo independiente, se enfrentaría a las mismas vallas que se habían interpuesto a su primer intento de aplicación, con el agravante de que los lazos de dependencia a fines de 1946 eran significativamente más profundos.
Desaparecidas las razones externas que permitieron aplicar una política de nivelación y equilibrio social, se evidenciaría, cada vez con mayor nitidez, el inevitable proceso de deterioro.
Uno de los datos referenciales imprescindibles para enmarcar correctamente la transición, lo constituye la incidencia del acontecer internacional. En dos perspectivas: por la definitiva articulación del Uruguay a los derroteros marcados por EE.UU., y por la incidencia directa que esto tuvo en la transición política. Asimismo, la coyuntura internacional ofreció un importante estimulo económico traducido en un aumento de las exportaciones y un significativo crecimiento del sector industrial.
Para el Uruguay, el deslizamiento hacia la órbita de influencia norteamericana se completó en estos cruciales años. Pero la nueva metrópolis imponía condiciones diferentes y se mostraba restrictiva respecto a su política comercial. La implantación de rígidas políticas proteccionistas para su agricultura e industria, la llevó a abrir únicamente el mercado norteamericano a aquella producción no competitiva –como la tropical– impidiendo que las exportaciones fundamentales del Uruguay se acoplaran satisfactoriamente a los nuevos dictados de su imperialismo. Sin embargo, la bonanza coyuntural que la Segunda Guerra Mundial aportó a la economía del país, dejaba ocultos los graves problemas de la escasa complementación del mercado estadounidense –competidor en materia de carnes y lanas– con la producción básica uruguaya.
Presentará el país en el período estudiado, una imagen de prosperidad estructuralmente frágil– asentada en la demanda de productos pecuarios multiplicados por la guerra, en una industrialización de base sustitutiva y en la inyección de capitales extranjeros que buscaban un tranquilo refugio para su colocación. Sobre esta base se vivificaron los contenidos “benefactores” del Estado a través de una legislación social relevante, mecanismos de redistribución y expansión de las obras públicas. El papel del Estado se vio fortalecido tanto por la reanimación del intervencionismo en los aspectos económicos como del rol arbitral desplegado para limar los antagonismos más flagrantes de la sociedad.
La posición tomada por el gobierno uruguayo en materia internacional —fuertemente condicionada— se realizó en forma paulatina, derrumbando los obstáculos o rémoras supervivientes de etapas anteriores. De allí que el espectro en materia de política internacional en el tramo estudiado, se desplazó desde posiciones firmemente neutralistas hasta otras con un alto grado de condicionamiento a los objetivos requeridos por el gobierno de EE.UU.
Este camino de reconversión imperialista no se realizó sin ciertos enfrentamientos con algunos sectores políticos defensores a ultranza de la antigua situación. A su vez, en el plano de la política interna, las circunstancias internacionales jugaron un papel preponderante, desdibujando la correlación de fuerzas característica del terrismo.
La definición aliadófila del Presidente Baldomir, ambientó la reunificación colorada, acercó a gran parte del nacionalismo independiente y logró el apoyo del Partido Comunista. Por el contrario, el Partido Nacional liderado por Luis Alberto de Herrera, —defensor a ultranza de la neutralidad y receloso de la injerencia yanqui— fue desplazado de la posición preponderante que ocupaba en las esferas del gobierno. El golpe de Estado del 21 de febrero de 1942 ratificó el peso decisivo de EE.UU. y el alistamiento en la causa aliada. No en vano el canciller Alberto Guani, intérprete fiel de los dictados norteamericanos, fue el vicepresidente de la República desde 1943.
La transición en su aspecto político se fue vertebrando a lo largo de la presidencia de Baldomir. Si bien es posible reconocer en el golpe de Estado del 21 de febrero de 1942 un hito fundamental, el autocalifícado “golpe bueno” fue una opción política, donde detrás de las causas ocasionales que motivaron la disolución de las Cámaras, subyacía un conjunto de circunstancias que hicieron de este episodio la culminación de un largo proceso, donde se anudaron factores de diversa índole.
Esta opción fue preparada y consumada por el oficialismo baldomirista y las fuerzas políticas desplazadas en 1933. La Constitución de 1934 y la ley de lemas de ese año, habían asegurado el reparto de los cargos políticos y el control del aparato partidario a los grupos comprometidos con el golpe de marzo (herreristas y terristas). De esta forma se desplazó completamente al batllismo y al nacionalismo independiente que pasaron a constituir una firme oposición al régimen instaurado.
Se había operado una división en el seno de cada uno de los partidos mayoritarios, donde parecía esbozarse cierto peso del componente ideológico sobre la adhesión “afectivocromática”.
La conjunción opositora obtuvo su máximo grado de cohesión en el acto realizado en julio de 1938. Esta movilización puede ser considerada un “cruce de caminos”. Por un lado, una coincidencia en cuanto al rechazo de la Constitución de 1934, y por otro, diferencias respecto a la valoración del gobierno de Baldomir. Gran parte del nacionalismo independiente y el batllismo, se esforzaron en dejar constancia que la oposición no era hacia el gobierno sino respecto a los mecanismos del autoritarismo terrista que los había desplazado del poder. Se inició asi una constante aproximación hacia el primer mandatario, lo que le permitió a éste romper definitivamente con los residuos de la “alianza de marzo”.
El acercamiento del batllismo neto y del Partido Nacional Independiente, apenas insinuado en sus comienzos, se manifestó plenamente hacia 1939 y terminó con la coincidencia en la adhesión y justificación al golpe de Estado del 21 febrero de 1942. El protagonismo articulador de los partidos políticos tradicionales posibilitó y promovió el “golpe bueno”, constituyendo así un obstáculo a una salida que no tuviera su origen en acuerdos “palaciegos”.
La oposición mostró signos de debilidad que la inhibieron para concretar acciones conjuntas eficaces. A esto, se le sumaron las maniobras del oficialismo baldomirista que logró encauzar a los sectores tradicionales a su matriz original y frenar cualquier eventual empuje de acción conjunta. En este marco se inscribe la legislación electoral completada por estos años que, además de ser una herramienta para la transición política, aseguró el predominio del esquema partidario tradicional.
Entre los “partidos de izquierda”, tampoco fue posible un acuerdo perdurable, agravándose sus diferencias a partir de sus valoraciones sobre el golpe de 1942. Las fuerzas sociales reflejaban un relativo poder de movilización y la existencia de divisiones en el seno del movimiento sindical.
El hecho mismo de que la transición se hubiera dado desde el Poder Ejecutivo, con el apoyo tácito o explícito de una amplia gama de los partidos políticos, indicaba que no se habían operado cambios profundos. Se corría el riesgo, además, de limitar el proyecto de futuro a una restauración del pasado.
En 1933, el golpe de Estado había marcado un principio de diferenciación por encima de las divisas; en 1942, suponía el retomo al vínculo tradicional, donde los grandes partidos, unidos ante los comicios, albergaban sectores claramente diferenciados (aunque el Partido Nacional recién se unificaría totalmente en 1958, coincidentemente con su triunfo).
La reedición de la propuesta batllista, el intento de la burguesía nacional de lograr un modelo de desarrollo independiente, se enfrentaría a las mismas vallas que se habían interpuesto a su primer intento de aplicación, con el agravante de que los lazos de dependencia a fines de 1946 eran significativamente más profundos.
Desaparecidas las razones externas que permitieron aplicar una política de nivelación y equilibrio social, se evidenciaría, cada vez con mayor nitidez, el inevitable proceso de deterioro.